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"Tomelloseras al fresco" Una peña con mucho trabajo

 “TOMELLOSERAS AL FRESCO”: UNA PEÑA, CUATRO MESES DE TRABAJO Y MUCHO TOMELLOSO SOBRE EL ESCENARIO



La V Gala Jesús Andújar, organizada por la Peña Los Canuti, tuvo este año un ingrediente inesperado: el estreno de Tomelloseras al fresco, un sainete costumbrista nacido dentro de la propia peña y preparado durante cerca de cuatro meses por un grupo de socios que decidió aportar su particular dosis de humor a una gala dedicada a reconocer a personas relevantes de la sociedad tomellosera.

Lo que en principio podía parecer una pequeña intervención teatral dentro del programa terminó convirtiéndose en una de las propuestas con más personalidad de la noche.

Y buena parte del mérito está precisamente en quienes se subieron al escenario.

No hablamos de una compañía profesional ni de actores dedicados habitualmente al teatro, sino de miembros de Los Canuti que aceptaron el reto de aprender texto, construir personajes, escuchar al compañero, controlar entradas y salidas y mantener vivo el ritmo de una obra durante toda la representación.

El resultado sorprendió por su naturalidad.

Una calle que todos reconocemos

Tomelloseras al fresco parte de una imagen que cualquier persona de Tomelloso reconoce

Una noche de verano, unas sillas en la calle y todo un universo de personajes reconocibles de Tomelloso.
 
Sin demasiadas explicaciones: una noche de verano, unas sillas en la calle y un grupo de vecinos sentados al fresco viendo pasar la vida.

A partir de ahí aparece todo un catálogo de personajes, conversaciones, preocupaciones y costumbres pertenecientes a la memoria colectiva del pueblo.

La dramaturgia, firmada por María Eugenia Moya Serrano, no busca contar una gran historia. Se apoya en algo mucho más sencillo: la conversación. Y esa sencillez funciona.

Las mujeres y Don Eusebio permanecen sentados mientras la calle va llenándose de personajes que entran, salen, interrumpen, provocan comentarios y vuelven a desaparecer. Ese movimiento continuo evita que la escena se estanque y permite que el sainete vaya creciendo a medida que avanza.

Los personajes sentados al fresco construyen la base de la obra, pero son los personajes de paso quienes rompen continuamente el equilibrio y aportan buena parte del ritmo y de la comicidad.

Personajes que el público reconoce

Uno de los personajes que más risas provocó fue Josefa, interpretada por Loli Benito Sevilla.




Su comicidad nace precisamente de no parecer buscar la risa: de cómo mira, cómo espera, cómo interviene y de esa manera tan propia de decir las cosas como si fueran absolutamente normales. Poco a poco fue ganándose al público hasta convertirse en uno de los personajes más celebrados de la función.

A su lado, Jesús Perona Díaz, como Don Eusebio, aporta una figura muy ligada a la tierra, al campo y a una determinada forma de entender la vida.



María del Pilar Perona Gallego
, como Paquita, mantiene permanentemente la curiosidad, el comentario y la reacción ante cuanto sucede.

Gema Carrasco Rodrigo, en el papel de Milagros, construye un personaje de carácter definido, ligado a la tradición y a sus convicciones.





Y Ana Belén Moreno García, como Encarna, introduce el contrapunto generacional: el móvil, las nuevas formas de comunicación y una manera distinta de relacionarse chocan continuamente con el universo de quienes llevan toda la vida sentándose a hablar a la puerta de casa.

Ese choque de generaciones recorre discretamente todo el sainete.

Una calle que nunca se detiene

Si quienes permanecen sentados sostienen la obra, las entradas y salidas de los personajes de paso son las que le dan oxígeno.

Especialmente celebrada fue la participación de José María Perona Lomas, “Jaro Perona”, encargado de un auténtico triplete interpretativo: repartidor, negociante y Luisito.



Cada entrada supone un cambio de ritmo. Las transformaciones físicas, la voz y la forma de ocupar el escenario aportaron algunas de las situaciones más cómicas de la noche.

No son copias directas de nadie, pero sí personajes nacidos de la observación de formas de hablar, caminar, relacionarse y comportarse que pertenecen al paisaje humano de Tomelloso.

Ese trabajo de observación ha formado parte también del proceso de ensayo.

La intención no era construir caricaturas vacías, sino recoger gestos, posturas, expresiones y maneras reconocibles para trasladarlas al escenario.

Y ahí aparece una de las virtudes del sainete: el público reconoce el tipo antes incluso de conocer al personaje.

Algo parecido ocurre con el resto de personajes de paso.

Aranzazu García Rodríguez, como la deportista, entra con una energía completamente distinta a la del grupo sentado y modifica inmediatamente el ritmo de la escena.

Jesús Morales Sevilla, encargado del vecino y del señor del perrito, asume dos registros diferentes y contribuye a esa sensación de estar observando una calle realmente viva.

Y María José Millán Castro, como la mujer de la basura, completa ese desfile de pequeñas apariciones cotidianas. ¿Qué pasa con ésta vecina? todos lo intuyen pero nadie dice na...


Todos ellos entran, alteran durante unos minutos el ambiente y dejan nuevamente a quienes están sentados comentando lo ocurrido o ... no.

Cuatro meses construyendo personajes

La dirección de María Eugenia Moya Serrano ha trabajado especialmente esa alternancia entre quienes permanecen al fresco y quienes atraviesan la calle.

El montaje tenía que evitar dos riesgos: que los personajes sentados quedaran demasiado estáticos y que las entradas de los personajes de paso se convirtieran en simples números independientes.

Las reacciones, miradas, comentarios cruzados y pequeños movimientos mantienen vivo el conjunto incluso cuando el foco está puesto sobre otro personaje.

También resulta destacable el trabajo interpretativo realizado durante estos cuatro meses.

Porque hay una diferencia importante entre aprender un texto y construir un personaje.

En Tomelloseras al fresco se aprecia un proceso más amplio: se han buscado formas de caminar, tonos de voz, gestos, ritmos y maneras de reaccionar.

Una postura.

Una expresión.

Una forma de entrar.

Una manera de hablar.

Pequeños detalles capaces de conseguir que el espectador piense inmediatamente:

“Yo conozco a alguien así”.

Y ahí es donde el sainete encuentra su mejor terreno: en el reconocimiento.

Estamos en Tomelloso

La escenografía contribuye a conseguirlo.

Las sillas, la farola, el seto, el árbol, el contenedor y los elementos de la calle sitúan rápidamente al espectador.

No hace falta explicar demasiado dónde estamos.

Estamos en una noche de verano.

Estamos en Tomelloso.

Y estamos mirando a un grupo de vecinos que perfectamente podría encontrarse a pocos metros de nuestra propia casa.

El sonido, responsabilidad de Emilio González Villahermosa, acompaña discretamente la propuesta y mantiene la continuidad del montaje sin quitar protagonismo a lo esencial: los actores y la palabra.

La obra deja además espacio para algo más que la risa.

Detrás de sus personajes aparecen cuestiones reconocibles para Tomelloso: la relación con el campo, el paso de las generaciones, los cambios en las costumbres, las nuevas tecnologías y hasta esa vieja conversación sobre el tren que sigue formando parte de la memoria colectiva de la localidad.

Pero Tomelloseras al fresco no busca convertirse en un discurso reivindicativo.

Prefiere hablar de todo ello como probablemente se hablaría en la calle: entre una cosa y otra, con humor, contradicciones y algún comentario que provoca inmediatamente la respuesta de la vecina de al lado.

Quizá ahí reside buena parte de su encanto.

No pretende engrandecer a sus personajes.

Los deja ser.

Y el público se reconoce en ellos.

Mucho más que una actuación dentro de una gala

Para la Peña Los Canuti, el estreno supone algo más que haber incluido una actuación humorística dentro de la Gala Jesús Andújar.

Durante cuatro meses, un grupo de sus socios ha tenido que funcionar como un verdadero equipo teatral.

Ensayar. Repetir. Escuchar indicaciones. Equivocarse. Volver a empezar. Esperar mientras trabaja otro compañero. Aprender que una escena funciona cuando todos están pendientes de todos.

Y finalmente salir al escenario y defender ese trabajo delante del público.

Eso tiene mérito.

Y se notó.

La función tuvo momentos especialmente redondos y otros que todavía podrían ganar rapidez con nuevas representaciones. Pero lo esencial ya está ahí.

Los personajes funcionan.
El grupo funciona.
Y, sobre todo, funciona la mirada con la que se observa a Tomelloso.

Sin solemnidad.

Sin nostalgia excesiva.

Y sin miedo a reírse de uno mismo.

Tomelloseras al fresco nació como la aportación humorística de unos socios de Los Canuti a la V Gala Jesús Andújar.

Terminó siendo algo más interesante: un pequeño ejercicio de teatro popular hecho desde dentro del propio pueblo y representado por personas que durante cuatro meses se tomaron muy en serio la tarea de hacer reír.

Y lo consiguieron.

Especialmente cada vez que Josefa abría la boca, cuando Jaro aparecía convertido en un personaje distinto o cuando alguno de aquellos habitantes de la calle atravesaba el escenario y obligaba a las vecinas a volver a hacer lo que mejor saben hacer quienes se sientan al fresco:

Mirar lo que pasa y comentarlo todo.

Dramaturgia y dirección: María Eugenia Moya Serrano.